Ese microimpulso tonto y débil de ponerte a llorar, sentir que el aire poco a poco te aprisiona los pulmones y que una nube de incertidumbre sube a tu cabeza, atacándote los ojos. Entonces presionas ese aire intentando sacarlo de ti, de esa habitación o incluso del mundo.
Cierras los ojos.
No, no, ahora vuelve.
Quédate aquí, aire, no me abandones tú también.
Inspira, espira... Así hasta que olvides cuántas respiraciones llevas. Así hasta que a tu cabeza venga algo mejor en lo que pensar. Así hasta que te quedes dormida, hasta que el piano cese, hasta que digas basta
(a veces inconscientemente).
Cierras los ojos.
No, no, ahora vuelve.
Quédate aquí, aire, no me abandones tú también.
Inspira, espira... Así hasta que olvides cuántas respiraciones llevas. Así hasta que a tu cabeza venga algo mejor en lo que pensar. Así hasta que te quedes dormida, hasta que el piano cese, hasta que digas basta
(a veces inconscientemente).
No hay comentarios:
Publicar un comentario