viernes, 30 de agosto de 2013

Taquicardias.

Ese microimpulso tonto y débil de ponerte a llorar, sentir que el aire poco a poco te aprisiona los pulmones y que una nube de incertidumbre sube a tu cabeza, atacándote los ojos. Entonces presionas ese aire intentando sacarlo de ti, de esa habitación o incluso del mundo. 
Cierras los ojos. 
No, no, ahora vuelve. 
Quédate aquí, aire, no me abandones tú también. 
Inspira, espira... Así hasta que olvides cuántas respiraciones llevas. Así hasta que a tu cabeza venga algo mejor en lo que pensar. Así hasta que te quedes dormida, hasta que el piano cese, hasta que digas basta 
(a veces inconscientemente).

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