domingo, 6 de diciembre de 2015

Hay que creer por cojones, porque es Navidad.

Las cosas claras: la importancia sólo queda en orden alterado cuando es toda por igual.
Se intercambia la fluidez dependiendo de la persona, ya sabemos todos que no es necesario llamar 7/30 a una persona para que sepa que le importas.
Cuando esta tangente cruza la siguiente, se complica más: Dale la importancia que ellos te han dado.
Falsa importancia, ¿sabéis lo que es? Se suele llamar conveniencia, provecho, beneficio y otros sinónimos que podemos encontrar en la RAE.
La tercera línea de choque es, tal y como la conocemos, la decepción. La pura y estricta decepción de tener presente el primer eje y la realidad del segundo: Están ahí porque les convienes en algún momento específico.
Claro que es Navidad, son bonitos los reencuentros, los chocolates calientes con historias de por medio, los recuerdos antiguos y fabricar los nuevos con sonrisas y momentos -al menos esto dice el manual de supervivencia inconsciente de nuestra cabeza-.
Tristemente, este año la Navidad va a tener que conformarse con sacar su tierna lengua y frotar por donde pueda importarme, la realidad es certera: quien no ha estado en tu vida cuando más se te ha jodido, no merece estarlo en una época en la que hay que celebrar todo un año, no un momento.