sábado, 3 de agosto de 2013

La vida real.

Cerró el maletero de un portazo.
- ¿Y qué más, princesa? -Eso último lo dijo con ironía. Cabizbajo a ratos, mostrando rabia.
- Nada más. Déjame, que ya me voy. -Con lágrimas en los ojos ella se subió en el asiento del conductor y puso en marcha el motor. - Que te cuides, por favor.
Él calló durante unos segundos, con la mirada perdida y conteniendo las lágrimas. Eligiendo sus palabras. Respirando despacio. Pero explotó.
-Y una mierda. -Ella agachó la mirada y suspiró. Él se acercó a la ventanilla aún más. -¿Sabes? Voy a beber hasta que me de cuenta de que eso no remedia nada. Hasta que intente comprender qué cojones tiene él que yo no pueda ofrecerte... Ah, sí. Dinero. ¿Sabes otra cosa? Que yo soy capaz de vender un puto riñón por ti, de comprarte un palacio como él hará. ¿Se ha ido el amor? Y una mierda de nuevo, te ha comprado con monedas porque esto NO es una película, y tú no quieres a un príncipe azul que te de amor verdadero, tú quieres un piso en Benidorm y un hijo en una escuela privada. ¡Pues a la mierda, princesa! Ya me dirás cómo va a quererte, ya me dirás si cuando te toca te sientes como cuando te toco yo, ya me dirás si ese cabronazo se pondría entre una bala y tú. Y vendrás en 10 años y me suplicarás, y ¿qué importa que yo haya tirado ese tiempo de mi vida a la basura? Nada, no importará nada, porque aún te querré, porque te juré amor eterno, ¡joder! Y volveré contigo, pero mi vida ya llevará 10 años rota y no habrá final feliz. ¿Y sabes por qué? Porque esto es la vida real, princesa.

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