jueves, 28 de febrero de 2013

viernes, 22 de febrero de 2013

Prometí promesas que prometiendo se pierden.

Prometí quedarme para siempre. 
Prometí que al irme sería mejor no verte.
Prometí escaparme.
Prometí tener cojones.
Prometí ser fuerte y acabé con moratones.
Prometí la vida.
Prometí la muerte.
Prometí la excusa de no verte sin quererte.
Prometí que volvería.
Prometí cambiar.
Prometí acabar.
Prometí empezar.
Prometí volver atrás.

He prometido tanto que las fuerzas ya se acaban, llevo tantos años enjaulada que me sobran ganas. Juramentos que se cansan de juzgarme, prometí perderme y encontrarme. Aquellas promesas las aprendí y eso así, nos creemos Dioses y capaces de cumplir y no nos damos cuenta de que vivir no es un reto. Aparentar tranquilidad: ese es el mérito. Las promesas ya no valen nada, todas se han perdido. Un ciclón de mentiras se va por donde ha venido, y no me queda otra que llorarte mientras duermes, ya no sé quien soy ni si mi alma está presente. Enseña los dientes, que mentir no está prohibido... Sólo te prohíbo que me mires mientras mientes.
Cuando me encuentres no me prometas. Déjame en el mismo sitio y no te entrometas.

http://www.youtube.com/watch?v=ztXGU3-DPTk


jueves, 21 de febrero de 2013

Resultados de una siesta sin dormir.

Hoy no llevo calcetines bonitos. Tampoco voy bien pintada, se notan las prisas de por la mañana para llegar a tiempo a clase. Jueves, las 15:55h. Y hace un sol tan grande que me quema la cara y los ojos, y los coches pasan como si vivieran en un mundo paralelo en el cual no existen preocupaciones, sólo prisas. La intención era ponerme morena de palabras, acalorada de expresiones y por ahora no lo consigo. No estoy en un lugar lujoso con vistas a la playa y un café con hielo en una mesita a mi lado. Más bien digamos que estoy en un balcón donde no puedo estirar las piernas a no ser que las ponga encima del tendedero, que por cierto ocupa un 60% del balcón. Pero es mi vida. Mis preocupaciones, mis dolores de cabeza, mi banda sonora, mi barrio mi autoestima y mi meta. ¿Que si me gusta? No lo sé. Sólo sé que lo elegí yo.

domingo, 17 de febrero de 2013

miércoles, 13 de febrero de 2013

Lecciones a mi misma.

Que te mimes, que te cuides, que te sientas bien contigo misma. Que cada mañana que veas salir el sol, des las gracias por haber abierto los ojos. Que pises los charcos sin que te importe mojarte las botas, que sonrías en las fotos sin importar salir mal. Que no digas nunca "bah, ya lo haré." Si tienes oportunidad de hacer esas cosas que te gustan, hazlas. Si quieres abrazar, abraza con todas tus fuerzas. Si es irremediable llorar, no pares hasta que el dolor de cabeza sea insoportable. Si quieres reírte haz que tus carcajadas suenen por encima de cualquier ruido. Si quieres besar, no dudes en hacerlo aunque se te desgasten los labios. Si quieres sentirte querida, grita ¡quiéreme! Nadie va a quererte si no te haces querer. Si quieres amar, ama. Ama como si no hubiera mañana, que os invada la locura, que cada lugar sea bueno para cogeros de la mano & decirle que lo quieres mirándole a los ojos. Si quieres hablar conmigo basta con llamarme. Si quieres saber de alguien basta con interesarte. No llores por lo que tenga solución... Ríe por las vueltas que acabará dando la vida. & si no tiene solución, pierdes el tiempo preocupándote porque aunque duela no podrás hacer nada. Si quieres algo lucha por ello. Nunca te des por vencida. Si quieres ser feliz... Vive. Vive cada segundo de tu vida como si fuera el último.

lunes, 11 de febrero de 2013

Un te quiero, un hasta luego y un por qué.

Cuando era pequeña me enseñaron que mentir es una de las prohibiciones básicas; que era lo peor que podía hacer y que más valía decir verdades que doliesen que mentiras que se descubriesen. Cuando una mentira no tiene repercusión y te ves "obligado" a decirla, adelante. Hazlo. Pero en la mayoría de los casos, en un 99% de estos sí que la tiene. Y es entonces cuando viene toda la mierda de golpe
Estoy cansada de perdonar, de hacerme la tonta y callarme aún sabiéndolo todo. Y me lo dices, y te lo hago más ameno diciéndote que lo sé todo. Y no eres capaz de hacer nada, nunca eres capaz de hacer nada. Nunca he sido la niña a la que se la enamora con palabras. Y tú insistes así, sin tener huevos para remediar lo que jodiste. No voy a guardarte rencor, sólo me voy de tu vida.
Bienvenido a Febrero.

Triste, tu destino es el que tú elegiste.



lunes, 4 de febrero de 2013

La fina línea que separa el "ni una más" con "ni una más que no sea yo".


Al azar.

Hay veces en las que el dolor del alma es más fuerte que el de tu mano golpeando el armario. Hay otras en las que por más que quieres aparentar serenidad al tenerlo delante ni siquiera puedes hablar sin tartamudear. Y él te mira, te sonríe y se va. Y ahí te quedas con una sonrisa tonta en los labios, en un bolsillo las ganas de arrancarle la camiseta y en otro un par de céntimos que desearías convertir en millones para comprarle el mundo. A la hora de rifarnos las ganas somos los peores postores, y existen tantos tipos de partidas como maneras de perder. 
Llega un momento en el que el cuenco vuelca y te empapas de todo cuanto quisiste controlar en un espacio diminuto, porque no podemos controlar lo que sentimos, aunque nos de coraje y maldigamos a Dios, no se puede. Una cosa es lo que dice tu cabeza, otra bien distinta lo que te dice ese impulso interior que sólo sirve para darte ganas de llorar una vez que te das cuenta de que estás perdida sin saber qué cojones quieres. Te conformarías con un par de mimos y dos te quieros, pero no lo haces, no lo haces y quieres más, quieres los imposibles, quieres el pasado, quieres arreglarlo todo y hacer como si nada hubiera pasado. Parece que se te olvida la palabra "imposible"... Coges los tacones y te largas sin pensar.

domingo, 3 de febrero de 2013

Son exactamente 3 segundos.


Me bastan milésimas para reconocer el bip que hace mi móvil cuando llega un whatsapp. Tardo un segundo en mirarlo. Y en los siguientes tres segundos en los que no corro, vuelo por coger el móvil, es cuando parece que se me sale el corazón. Cuando lo tengo en mis manos y veo tu nombre en la pantallita, estamos en el segundo 2 con 23 milésimas, en el que sólo oyes el zumbar de los latidos en ti, tan fuertes que parece que el corazón explotará. Pero pulso "abrir" rápidamente, y llegamos al segundo 3 y una milésima. Y no sé por qué, todo vuelve a la tranquilidad. De nuevo escucho mi pensamiento, que lee para sí el mensaje. Supongo que estoy demasiado ocupada contestándote que no tengo tiempo para ponerme nerviosa.