miércoles, 11 de septiembre de 2013

Ricemos el tiempo.

Hagamos bucles de cartón con el reloj. 
Cantemos a cada curva, aplaudamos con placer al último suspiro, 
reservemos ese abrazo. 
Hagamos que lo que nunca fue, sea. Y se convierta en perfecto. 
Caminemos sobre los retales de las sonrisas que quedan, y coge todas las que puedas,
que luego se olvidan.
Ardamos juntos, ardamos. Qué más da, si ya estamos en el infierno.

Apriétame, mantenme. Haz que fluya.

Las flores a mi manera.

Supongo que aún alguien me recordará también con flores. Que habrá monumentos en nuestro honor. Que aquel fatídico día se recordará con tristeza y melancolía, porque me fui, porque nos fuimos. Porque dejamos de ser. Cuántas familias rotas, cuantos hijos sin padres, cuántos padres sin hijos. Cuánto vacío. Cuántas lágrimas cayeron desde ese día... Y cuántas quedan por caer. Hubo un padre que no llegó al cumpleaños de su hijo el cual lo esperaba, ansioso, con tan sólo una velita en su tarta. Hubo una abuela que vio desde abajo cómo se caía el edificio donde andaba su familia entera, pero ella prefirió esperar abajo, paciente, porque su dolor de espalda la hacía perder los papeles... Y ahora había perdido todo cuanto amaba. Hubo una niña que gritaba mamá desesperadamente mientras todo se derrumbaba en sus pies. La madre le gritó de lejos que no tuviera miedo, que fuera valiente, y que la quería muchísimo. Y yo me pregunto, ¿cómo se puede sacar valentía en ese momento? Si hasta lo que lo vimos con 8 años sentíamos cómo nos temblaban las piernas con las imágenes. Doce años después ellos siguen aquí... Y deberíamos darnos cuenta.


La fe es lo último que se pierde, dicen. Yo prefiero pensar, que siempre quedará el recuerdo. Y este es más difícil perderlo. 

lunes, 9 de septiembre de 2013

Microcuento.

Mató una perdiz e hizo la cena. Luego ahogó a su príncipe hasta que se volvió azul.

Más vale maña que superpoderes.

¿Estamos viviendo contentos o con tontos? Vamos a aclararnos, que este país empieza a ser vomitivo. Muchas quejas, muchas manifestaciones, muchos muertos de hambre que no saben dónde caerse muertos porque no los quiere nadie (también llamados políticos). Mucha corrupción, muchos votos para querer juegos olímpicos (92% de españoles según encuestas) y ahora que no salimos elegidos resulta que es que en realidad NADIE quería los juegos en Madrid. Vaya. Muchos "todos a una", mucho periodismo pero para qué. Cuándo vamos a darnos cuenta que tenemos el poder para quitarlos de ahí, que si tanto nos quejamos, podemos cambiarlo. ¿Quién tiene más poder, miles de ciudadanos o cuatro politicuchos desgastados? Vamos a echarle cojones, que es de lo que presumimos los españolitos. Vamos a dejar claro qué queremos y qué no queremos. Vamos a hacer que nuestros huevos choquen contra sus bocas. Pero... Anda, vamos a hacerlo de verdad, que hablar sabe todo el mundo.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Vas a valer la pena.

Porque lo sé, porque lo siento, porque ya la vales. Y es más, me explico... porque todavía es siempre y siempre es como el primer día y eso dicen que es bueno. A mi me parece genial, que pese a medirte la cara a besos me guste hacerlo cada día para ver si has crecido, y que siempre tenga algo nuevo que contarte, algo de lo que reírnos. El color de las cosas cambia y me gusta que el blanco ahora sea un color y no la anulación de todos. Que los días negros sólo sean la comparación a días contigo, odiosa comparación que todo lo hace escalonado, diferencialmente vertiguoso... Ni si quiera sé si estas dos últimas palabras existen, pero es que no existe ninguna para explicar esto y para un poeta tiene que ser horrible enamorarse de alguien en estas condiciones. ¿Cuánto tiempo llevaremos ya siendo felices gracias a nosotros mismos? ¿Cuántos trenes habrán pasado desde entonces? Y a mi me encanta estar sobre estos raíles andando haciendo malabares, dándote la mano para no caerme, yo qué sé, seré una niña chica que sólo quiere ver las cosas con sonrisas, que odia esa gente que no conoce el amor e incluso siente pena por ellos... Y tú, qué ironía... que eres el único que la vales.

martes, 3 de septiembre de 2013

"Existir es sentir, y aquí sentir es escribir."

Voy a seguir corriendo por la estación para coger el autobús, y seguiré sin girarme a ver si estás, porque no... No estás. Nunca estás. Nunca has estado, pese a las veces que ellos han venido diciéndome que deseabas verme, que me extrañabas. Seguiré recorriendo las tiendas sin buscarte entre las perchas. Que no, que sé que no estás. Que hablas mucho y haces poco. Seguiré bloqueando el móvil sin mirarlo dos veces por si es tu nombre el que aparece, porque nunca eres tú. Que no, que no eres. Así que deja de decirles que te mueres por mi... Porque tu muerte es mentira, y la mía no.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Te guardaré un lugar.

Puedo cortarte a trocitos, te meto en los bolsillos y te llevo a todas partes. Es que la idea de la maleta se quedó muy atrás... Cuando al abrirla vi que no podías respirar tuve que ponerme seria. También estuve pensando lo de la botella,  como los mensajes. Si esos mensajes son tan enormes, (como tú), ¿por qué no iba a poder envolverte y meterte dentro? La única pega era el tapón de corcho, no encontré ninguno en casa... Guardo también la teoría de masticarte y llevarte así conmigo, pero supuse que te dolería, ¡además, sería una locura tragarte por error! ¿Y si te meto entre las páginas de un libro? Como hace el abuelo con el dinero que no quiere perder, porque yo a ti... Yo a ti no te quiero perder, y vales mucho más que un billete. Luego ya en casa, puedo dejarte en la estantería. Tú puedes leer todo lo que quieras, pero a mí déjame hacer mi vida hasta que me aburra tanto que me acerque melodiosa a la estantería, y te invite a cenar. Bueno, espero que cocines tú, ya sabes, se me da fatal. Si vemos que lo nuestro funciona tal vez pueda dejarte encima de la mesa, para mirarte al llegar a casa. Y si veo que va bien... Tal vez pueda llevarte conmigo a la universidad. ¡No, no digas nada! Sé que es una idea genial.

Bah_

Supongo que repleta de mierda estoy más guapa.

Mezcla de seres.

Espérate, conduzco yo. No me importa, apenas estoy cansada. Pero baja un poco la ventanilla de atrás, que se oiga al menos un zumbido que mate el silencio absoluto del vehículo. Sí, quiero conducir yo, al menos así me centro en algo que no sea en la telaraña de sentimientos que van rumbo a mi cabeza, cambiados por el centenar de pensamientos que a su vez van directos al corazón. Puede ser causa de infarto, de no procesar bien toda la información. Tal vez mis sentimientos se enfríen entre las neuronas y mis pensamientos retomen un color que jamás creyeron poseer. Tal vez, ¡fijáos qué locura!, tal vez mi pensamiento de ir al super a comprar tomates se convierta en un sentimiento y acabe llorando al pagarlos. O tal vez, ¡atención a ésta!, tal vez comience a mirar desde fuera y con frialdad todo aquello que me asusta o me enternece. Vaya. Todo serían ventajas en el cola cao de la memoria. Mientras tanto déjame, déjame que yo conduzco. Porque mientras todo eso pasa y el flujo sanguíneo se escapa por mis tobillos, yo voy pensando en cuántos coches son capaces de adelantarme por la autovía.