viernes, 20 de noviembre de 2015

Historias para no dormir.

De la manera en la que un cigarro arde, ardía tu sonrisa.
Rápida. Mordaz.
Yo me colé con los dedos entre tu pelo, tú me susurrabas desdichas y trágicas comedias.
Tiritando.
Vuelta a empezar y recobrabas vida, te sujetaban los invisibles hilos del orgasmo, del querer plasmarlo en muecas. Te dolía hasta la última célula y no volvías en ti hasta recuperarme, tu aliento se convirtió en el camino de vuelta. Girar por el mundo sin rotar sólo se consigue de una sola manera, nosotros estábamos cruzando el Olimpo sin pasar a saludar a Zeus. Una y otra vez éramos capaces de recoger rosas y de clavarnos las espinas a propósito. Doler hasta que amas, amar hasta que duele. Desde que decidiste que mi espalda era el mejor lugar para acampar tu campo de visión, que preferías el silencio, te imaginabas los suburbios de los barrios bajos a escondidas, te imaginabas lo que no se olvida y como rehén mantenías mi boca, dulces las palabras que podría haber dicho. O tal vez no demasiado.
Y lo que viene después es lo mejor, el drama nocturno cuando la noche llora porque no puede clavar sus huellas dactilares en tus suspiros. Eso sí que es gloria.

domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Qué viene ahora...?

Cuando a una comunicadora no le salen las palabras, es porque ha sobrepasado sus límites la tragedia.