sábado, 31 de agosto de 2013

viernes, 30 de agosto de 2013

Los pliegues del vacío.

Cuando era pequeña (aunque nunca aceptase serlo) me sentaba en el suelo de mi habitación durante horas cuando me enfadaba. Cerraba la puerta y me tumbaba boca arriba. Golpeaba una a una las tablitas de madera de las que se componía el suelo, con la mirada perdida en el techo. Una vez (no recuerdo cuándo) topé con una que sonaba diferente. No era un ruido grave y seco, era agudo y dejaba ver que había aire dentro, que estaba hueco. Siempre que volvía a dejarme caer en el suelo, la golpeaba imaginando qué habría dentro: pertenencias del antiguo dueño de la casa. Tal vez algo de su hijo pequeño. Tal vez un mapa de un tesoro, tal vez una simple carta. Pero sabía que debía haber algo. 
Hubo un tiempo en el que dejé de tirarme al suelo. Estaba harta de estar siempre tan abajo. Sin embargo no hace mucho, me topé con esa tabla de nuevo. La golpeé, como de costumbre... Y tras intentos frustrados y arañarme varios dedos, conseguí destaparla ansiando saber por fin qué habría ahí debajo tras algo así como 18 años preguntándomelo. Y... No había nada. Ni siquiera bichos grandes, o incluso diminutos. Sólo la arena que se producía del roce de la construcción y un ladrillo cubierto de montañitas grises. Pensé en cuando lo construyeron... Esa sería una tablita rebelde que se desencajó haciendo que una persona confiase en que ya habría sido destapada antes de ella... Escribí algo en esa arena, y lo volví a tapar. Ni siquiera recuerdo qué escribí, así la próxima niña que se lo pregunte tendrá un mensaje oculto tras la tabla hueca del suelo. ¿Qué habría pasado si hubiera habido algo...? 
Tal vez esa niña sea yo. 

Aunque supongo que es suficiente. Que ya no hay nada debajo de estos ladrillos.

Taquicardias.

Ese microimpulso tonto y débil de ponerte a llorar, sentir que el aire poco a poco te aprisiona los pulmones y que una nube de incertidumbre sube a tu cabeza, atacándote los ojos. Entonces presionas ese aire intentando sacarlo de ti, de esa habitación o incluso del mundo. 
Cierras los ojos. 
No, no, ahora vuelve. 
Quédate aquí, aire, no me abandones tú también. 
Inspira, espira... Así hasta que olvides cuántas respiraciones llevas. Así hasta que a tu cabeza venga algo mejor en lo que pensar. Así hasta que te quedes dormida, hasta que el piano cese, hasta que digas basta 
(a veces inconscientemente).

sábado, 24 de agosto de 2013

Atacamos cuando.

Dar un portazo tiene más efecto. Dejas claro que no quieres ver a nadie, que el ruido acojona y la separación de una puerta abruma. Lo que viene después es algo más ridículo. Él se sentó en el filo de la cama y al girarse golpeó con todas sus fuerzas la almohada, sintiendo esa descarga insuficiente. Trató de pensar que no era un imbécil por haberla dejado ir. Cada mirada al espejo era una herida más en sus labios, que se habían ilusionado con rozarla otra vez, aunque fuera un segundo; pero le jodía aceptar que no la había perdido esa mañana, sino hace años. Y le jodía mucho más darse cuenta que a la que se enfrentaba tras tanto tiempo no era una niña. Era una mujer adulta, con una vida trabajada y enamorada (esta vez sí) de la persona correcta. Y todo por ser un cobarde, y llegar de nuevo tarde. Comenzó a llorar...

viernes, 23 de agosto de 2013

Qué hacer con tanta duda.

Se me hiela la sangre, pero mi corazón bombea más rápido.
Ahora hierve.
Ahora me habla de ti. Ella sí quiere verte.
Sangre rota.
Ahora tiembla. La calmo, respiro, reduzco. Freno, sí, embrague y freno, para que no me cales.

Mi almohada está triste porque ya no quiero ni rozarla, porque sé que de nuevo va a dolerme.
Entraré a yo que sé qué mundo y me caeré de rodillas partiendo el suelo.
Rendida.
Como se rinde el carbón contra el fuego. Como se rinde el fénix que sale de él más de una vez.
Y es eso, que se cansa.

"Tal vez no quede más remedio que arder, y convertir en humo la fe que nos desnuda."

viernes, 16 de agosto de 2013

Seré breve:

Este mundo es una comedia para quienes piensan
y una tragedia para quienes sienten.

Horace Walpole, IV Conde de Oxford.

martes, 13 de agosto de 2013

Y el resto envidiaba así el vendaje de su coraje.


Todo el mundo es un maniático.

Y ahí estaba yo, con las facturas del mes en las manos esperando oír la puerta abrirse para comenzar mi sermón. Tal vez simplemente necesitaba gritar un poco, cuando las cosas no eran como yo quería comenzaban mis manías, sólo mías.
Todos guardamos bajo llave ese intento frustrado de perfección, esa nota impresa con tinta ardiente en el cerebro que nos recuerda que debemos cerrar el armario antes de dormir o que ese doblez del mantel debe eliminarse para poder comer a gusto y tranquilo. Limpiar las gafas a la mínima mota de polvo, oler un libro antes de leerlo como si te lo fueras a comer o no poder concentrarte con un mínimo de ruido constante... Los hay de todos los tipos, tamaños y detalles, pero todos caemos en el agujero negro de la perfección fallida. Otra cosa es que lo admitamos. Y ahí está la gracia... supongamos que lo que queremos perfeccionar no sea material, sino espiritual, que esté en nosotros mismos. De eso es de lo que verdaderamente debemos preocuparnos... Porque no somos un mantel al que le podamos quitar las arrugas con tan sólo deslizar la mano sobre él, ni somos unos papeles con números que bajen de valor sólo con cerrar un grifo y apagar una luz.

miércoles, 7 de agosto de 2013

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Improvisamos.
Decimos que cambiamos, pero... Improvisamos.
Intentamos agarrarnos a eso que queremos ser, y que por tanto no somos.
Y así vamos, improvisando. Haciendo como que cambiamos y sólo rozamos los retales de la virtud.
Ni mucho menos la agarramos.
Improvisamos.
Y besamos deprisa.
Y lloramos lento.

sábado, 3 de agosto de 2013

La vida real.

Cerró el maletero de un portazo.
- ¿Y qué más, princesa? -Eso último lo dijo con ironía. Cabizbajo a ratos, mostrando rabia.
- Nada más. Déjame, que ya me voy. -Con lágrimas en los ojos ella se subió en el asiento del conductor y puso en marcha el motor. - Que te cuides, por favor.
Él calló durante unos segundos, con la mirada perdida y conteniendo las lágrimas. Eligiendo sus palabras. Respirando despacio. Pero explotó.
-Y una mierda. -Ella agachó la mirada y suspiró. Él se acercó a la ventanilla aún más. -¿Sabes? Voy a beber hasta que me de cuenta de que eso no remedia nada. Hasta que intente comprender qué cojones tiene él que yo no pueda ofrecerte... Ah, sí. Dinero. ¿Sabes otra cosa? Que yo soy capaz de vender un puto riñón por ti, de comprarte un palacio como él hará. ¿Se ha ido el amor? Y una mierda de nuevo, te ha comprado con monedas porque esto NO es una película, y tú no quieres a un príncipe azul que te de amor verdadero, tú quieres un piso en Benidorm y un hijo en una escuela privada. ¡Pues a la mierda, princesa! Ya me dirás cómo va a quererte, ya me dirás si cuando te toca te sientes como cuando te toco yo, ya me dirás si ese cabronazo se pondría entre una bala y tú. Y vendrás en 10 años y me suplicarás, y ¿qué importa que yo haya tirado ese tiempo de mi vida a la basura? Nada, no importará nada, porque aún te querré, porque te juré amor eterno, ¡joder! Y volveré contigo, pero mi vida ya llevará 10 años rota y no habrá final feliz. ¿Y sabes por qué? Porque esto es la vida real, princesa.

jueves, 1 de agosto de 2013

¿Por qué tic-tac?

Nadie es tan fuerte.
Nadie soporta la fría daga del vacío, ese vacío absoluto.
Es como tener sed. Es como cuando las tostadas sin un café tan sólo son pan tostado con algo más.
Pierde el valor...
Cuando las camisas nuevas no huelen a navidad, o en tus cumpleaños desaparecen las velas, aunque tú soples y soples al vacío, pero este no se apaga, no se va.
Y a qué temer. Qué esperar cuando ya no esperas nada.
Qué importa lo demás cuando ya nada te importa, ni lo que venga ni lo que se ha ido.
Y se ha ido porque el peso del valor está de modales carente.
Se ha ido porque ya ni el espejo te hace frente.
Porque a estas alturas, yo tengo vértigo...
Porque nadie es tan fuerte.