sábado, 13 de abril de 2013

Muerde.

Lo siento, lo siento, lo siento. No se oyen otras palabras en la sala. Ella aplaude y sonríe, irónica. Se levanta, se sienta y se vuelve a levantar. Está harta. Está cansada de hacer de tripas corazón porque el suyo no lo encuentra. Está a 2 cm de darle una hostia y a menos aún de mandarlo todo a tomar por culo. "Lo siento". Qué feo todo. Qué sensación tan horrible, qué ganas de volarlo todo por los aires. Un bidón de gasolina y tres cuartos de odio. Y ya está, que no es tan difícil hostia. "Perdóname" y vuelve a reír. Y se queda sentada en esa esquina del fondo a la derecha de esa sala de espera vacía. Tiene en una mano sus razones y en la otra aguanta el peso de la mueca de sonrisa que le queda, mezclada con la desesperación de no querer seguir fingiendo ese teatro que se muere.

Bú.


martes, 9 de abril de 2013

Echar de menos.

Ya no es por la rutina, es por el cambio. Coger gasolina este fin de semana ya no es un plan. Que han vuelto las caras largas. Que quiero dormir y dormir, y no gastar el tiempo entre salas de estudio. Todo retumba, se tuerce, se va a la puta mierda. El complejo y la desesperación de ser. Las manías y las mentiras. Que nadie tenga ni idea de nada. Y seguir callándome para que no piensen que soy gilipollas. Me encanta la excusa de que tengo las hormonas alteradas. Decirle a un tío que tienes la regla y que automáticamente te lo perdone todo. Qué incrédulos... Pero a quién temo. A qué le tengo miedo. ¿A mi? La echo de menos. A ella y a que me grite pero luego me diga que voy guapísima, y me haga la cena con cada detalle que sabe que me encanta, que me pida que la ayude y luego lo haga todo ella mientras le cuento mil y pico cosas que a veces dudo. Que me vaya del salón enfadada porque me haya repetido que tener el grupo no vale para nada, pero que luego sea la primera que se mezcla con quinceañeros en mis conciertos. Mamá, cuán importante eres. Ojalá pudiera refugiarme en el sofá de tu lado, inflarme a galletas mientras me haces café y me preguntas todo tipo de cosas indiscretas. Ojalá esas películas navideñas, ojalá Antonio Banderas en alguna de ellas y que ambas sonriamos cada vez que sale en primera plana. Ojalá una mañana de tiendas y peluquería... Pero de las de antes. De las que no acabábamos discutiendo y sin hablar en el autobús, no. Quiero un ratito de aeropuerto, y a ambas sentadas intentando averiguar quién es cada persona. Aunque nunca acertemos.

Me miras diferente. Me abrazas y no siento tu calor.


viernes, 5 de abril de 2013

Siendo realistas.

Admiro profundamente esos rollos filosóficos que declaran la realidad como algo inestable. Creo que hoy es uno de esos días en los que me convierto en una escéptica y discrepo de todo cuanto conozco. Pero la realidad es así: real.  - O eso dicen - Lo que sé es que cuando llueve acabo empapada porque va contra mi naturaleza acordarme de llevar paragüas. También sé que si te pellizcas duele y no siempre despiertas. Sé que lo que sube baja, que no todo lo bueno es tan bueno ni todo lo malo es tan malo. Sé que hay gente que se irá pero también sé que habrá personas que vendrán. 
No sé mucho más, la verdad. Pero sé que la realidad, aunque a veces nos comprenda, no nos trata del todo bien. Sé cuánto duele la rutina. Sé cuánto duele la soledad estando rodeado de una humanidad entera. Sé cuánto me dueles, y sé cuánto me duelo.

martes, 2 de abril de 2013

Cuando llega el momento de.

Llevaba prisa y un divorcio en su maleta. El gato había acabado con su suegra y para ella tan sólo estaba esa tostadora ridícula que le recordaría cada maldita mañana lo malas que estaban las tostadas de su marido. Perdón, ex marido. Porque la gramática y la sociedad es así, y hay que especificar. Porque claro, la gente pregunta, porque la gente quiere saber de nadie y de todo el mundo antes que de ellos mismos, y preguntan. Y te juzgan con la mirada mientras chasquean la lengua al ver que no puedes hablar de él sin pronunciar un "nosotros". Y tú los mandas a tomar por culo, como siempre. 

Lanzó la colilla de su último cigarro a la carretera sin perderlo con la mirada.
  -Mierda, dónde cojones habrá un estanco.
Dejó escapar el humo lentamente, casi forzándolo a quedarse en ella. 

Sabía de sobra que no era perfecta. Pero él tampoco lo fue. Creía en cierto modo que ese era uno de los por qués de la existencia de esos papeles en los que ambos tenían que firmar encima de la mesa de su cocina. Bueno, ya de su suegra. Puta hipoteca que lo dejaba todo para esa bruja. Quién la habría mandado a buscarse un marido con madre. 
El taxi paró justo delante de ella, y el conductor le preguntó educadamente dónde debía llevarla.
  -Lejos, llévame lejos... -Concretamente a casa de sus padres.- Calle de la Esperanza nº17.

Joder, qué ironía.