martes, 29 de septiembre de 2015

Calabazas.

Me han contado las ventanas que ya no tiene gracia mirar a través de su cuerpo para verte, que ya no propones, ni pones, ni dejas medio hecho. Que para hacer se le echan ganas, y tú no le echas ni sal a las comidas que terminas vomitando, como las palabras que te tragas cada vez que no sabes responder.
Y de vez en cuando se te escapa un suspiro sin saber qué o cómo hacer todas las musarañas que te tejen las telas de los rincones de tu cuerpo, que entre tu pecho y la pared el corazón ya late menos.
Son tantas las decepciones que te abrazas al suelo,

que
no
se
mueva.
Que te da vértigo caerte más bajo de lo que ya estás,
no hablemos ya del vértigo de mirar hacia arriba. Al revés.
Te dieron calabazas y las dejaste de decoración de tu casa, como si fuera halloween.
Como si no supieras lo mal que huele cuando se pudren, al igual que tu alma cuando no reordenas tus escalones.

Ya casi hace frío.