Cuando era pequeña (aunque nunca aceptase serlo) me sentaba en el suelo de mi habitación durante horas cuando me enfadaba. Cerraba la puerta y me tumbaba boca arriba. Golpeaba una a una las tablitas de madera de las que se componía el suelo, con la mirada perdida en el techo. Una vez (no recuerdo cuándo) topé con una que sonaba diferente. No era un ruido grave y seco, era agudo y dejaba ver que había aire dentro, que estaba hueco. Siempre que volvía a dejarme caer en el suelo, la golpeaba imaginando qué habría dentro: pertenencias del antiguo dueño de la casa. Tal vez algo de su hijo pequeño. Tal vez un mapa de un tesoro, tal vez una simple carta. Pero sabía que debía haber algo.
Hubo un tiempo en el que dejé de tirarme al suelo. Estaba harta de estar siempre tan abajo. Sin embargo no hace mucho, me topé con esa tabla de nuevo. La golpeé, como de costumbre... Y tras intentos frustrados y arañarme varios dedos, conseguí destaparla ansiando saber por fin qué habría ahí debajo tras algo así como 18 años preguntándomelo. Y... No había nada. Ni siquiera bichos grandes, o incluso diminutos. Sólo la arena que se producía del roce de la construcción y un ladrillo cubierto de montañitas grises. Pensé en cuando lo construyeron... Esa sería una tablita rebelde que se desencajó haciendo que una persona confiase en que ya habría sido destapada antes de ella... Escribí algo en esa arena, y lo volví a tapar. Ni siquiera recuerdo qué escribí, así la próxima niña que se lo pregunte tendrá un mensaje oculto tras la tabla hueca del suelo. ¿Qué habría pasado si hubiera habido algo...?
Tal vez esa niña sea yo.
Aunque supongo que es suficiente. Que ya no hay nada debajo de estos ladrillos.
Hubo un tiempo en el que dejé de tirarme al suelo. Estaba harta de estar siempre tan abajo. Sin embargo no hace mucho, me topé con esa tabla de nuevo. La golpeé, como de costumbre... Y tras intentos frustrados y arañarme varios dedos, conseguí destaparla ansiando saber por fin qué habría ahí debajo tras algo así como 18 años preguntándomelo. Y... No había nada. Ni siquiera bichos grandes, o incluso diminutos. Sólo la arena que se producía del roce de la construcción y un ladrillo cubierto de montañitas grises. Pensé en cuando lo construyeron... Esa sería una tablita rebelde que se desencajó haciendo que una persona confiase en que ya habría sido destapada antes de ella... Escribí algo en esa arena, y lo volví a tapar. Ni siquiera recuerdo qué escribí, así la próxima niña que se lo pregunte tendrá un mensaje oculto tras la tabla hueca del suelo. ¿Qué habría pasado si hubiera habido algo...?
Tal vez esa niña sea yo.
Aunque supongo que es suficiente. Que ya no hay nada debajo de estos ladrillos.
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