jueves, 28 de enero de 2016

Cardenales en las comisuras.

Los amigos de la infancia son como las pequeñas cicatrices que tenemos en las rodillas. Son caídas que sufrimos mientras jugábamos, son errores que nos parecieron divertidos y decidimos hacer. Son recuerdos con alma, con corazón e inocencia. Flashes de luz con los que sonreímos al recordar cómo pasó la vida. Porque, aunque no sepamos cómo, pasa.
Siempre pasa.

Nadie tiene esa "guía del mejor amigo", y si la tiene, -por favor- que me la preste. Urgentemente necesito una consulta 
como poco
pero al menos a diario. No estarás sola hasta que el reflejo del espejo te abandone. Nunca estarás sola, o es sólo una frase de madre para convencernos de que no debe de afectarnos el matojo de piernas que haya a nuestro alrededor. 
Me considero una chica feliz.
Feliz,
-me cuesta creerlo -. Tuve mis momentos.
Tuve infancia, como todos, mejor o peor que los demás 
pero 
mía,
por ello son mis recuerdos y me duelen a mi.
Nunca te voy a pedir que opines de lo inevitable
qué estúpido pedir el sacramento en la desdicha.
En cualquier caso, siempre me queda una frase en la estantería para memorar: "Aún me acuerdo de cuando..." 
Y en todos esos buenos momentos estoy rodeada de personas.

No me importa si me has jodido o si pretendes hacerlo,
si estás en alguno de aquellos buenos momentos, has merecido la pena.

lunes, 25 de enero de 2016

Huele a muerto,

a cadáver en descomposición en forma de conversaciones sólidas e insólitas.
Huele a perseguir al ratón hasta el queso y acabar dentro de una olla ardiendo, 
a poca compostura y mucho estilo portando gafas de pasta con nariz de pega.
A carnavales, porque se acercan, ¿verdad? Qué tímido consuelo.
Todo era eso,
todo era sexo
éxodo, retales, empuñaduras de hierro y farsantes
jugando a ser inmortales y cubiertos en sus sagas metafóricas de la culpa inmoral.
Cuando juegas al Inspector Gadget todo parece real aunque pueda ser mentira,
y cuando todo es real se queda clavado en el límite del consuelo mordaz pensando que es una máscara.
Y no cuestionas.
¿Sabes lo que me dijeron de no cuestionar? Que una mentira no es eso cuando no cuestionas. 
Porque al no preguntar no te responden y al no hacerlo no debe haber una disculpa
obligatoria 
ni una intencionalidad precaria de un desconsuelo inexacto.
Me duelen los huesos a partir de la garganta
ya ni a gritos sordos me entero de que estoy viva.
Tiene que temblar la tierra para que sienta miedo,
o para que sienta.
algo.
Lo que sea.

Imagínate que nunca me despierto.


A veces me canso de tanta poesía.

sábado, 23 de enero de 2016

Cómo se consigue.

Con la BSO de "Memorias de África" no me queda más remedio que remontarme a las tardes comiendo techo tirada en ese pequeño cuarto donde tenía el radiocaset. Donde podía sobrevivir días y meses con los mismos discos y el mismo póster en la pared que parecía hasta 3D. Eran años que vivía con terror, mi corta vida cambiaba, yo lo sabía, pero estaba tan bien... Tan bien sin hacer nada, tratando de averiguar sobre qué tendría que preocuparme en un futuro, qué sería eso que le quitaba a los adultos el sueño, cómo sería cambiar de vida, qué se sentía al enamorarse.
¿Cuántos años tendría? ¿Siete? ¿Ocho?
Y qué tierna época aquella.

Odiaba, tal y como odio ahora, esas canciones tristes que con un par de acordes distintos se convierten en felices y ya no sabes ni en lo que estabas pensando porque has dejado de sentirte así, triste, como querías, porque por eso mismo estabas escuchando esa canción. Nadie feliz escucha esa canción a propósito. Nadie escucha canciones que no sean desenfrenadas estando a tope de energía.

Quiero volver a casa, aunque sea con cascos viejos que aporten más ruido que melodía. Aunque el autobús sea lento, aunque sea incómodo. Quiero llegar a mi cuarto y meterme debajo de la cama con mi enorme almohada y llorar. Llorar muchísimo. Hasta que mamá me encuentre y se meta allí abajo conmigo, y no deje de abrazarme nunca.

jueves, 21 de enero de 2016

Nadie contra nadie.

Yo no quiero estar con nadie.
Yo no quiero estar con nadie si, sola,
me siento más querida.
Yo no quiero ser hoy primavera 
y mañana, sin avisar,
nieve invernal.
-Al menos avísame y saco el abrigo- .

Yo no quiero ser de nadie, ni que se adueñen de mi mente
como si fuera valiosa,
si el día de después ya no existo más (permíteme idealizar que eso fuera posible).
Si de todas formas no es amor lo que recibo
y tengo más rabia en los poros que besos en las cosquillas
y otra vez
tiemblo.
Ya no quiero ser amiga o amante mortal
si cuando retrocedes a buscarme lo más suave es escuchar cómo atrapas el puñal
y cómo jode la herida.

Yo no quiero estar con nadie,
que me pone triste cuando ya de por sí lo soy.
Porque el amor es alegría (dicen), compartir colores (dicen), quererse más que a ti (creo).

Yo no quiero estar con nadie
y tampoco con nadie que no seas tú. O yo. O ambos.
Pero una persona no cambia
Y si lo hicieras -qué ironía- ya no serías tú.
Y no querría estar con nadie.

sábado, 16 de enero de 2016

Oh dios

Odio el frío;
sólo es una excusa
para llamar a tu abrazo,
odio
llorar
sin poder contártelo
-como quien se masturba
en soledad
y sin fantasmas-,
odio dormir por inercia
y no por agotamiento.

Elvira Sastre (Baluarte)

X

Si se pudiera ver a través del espacio-tiempo, si pudiéramos vivir en Intelestellar tal y como imaginaba Jonathan Nolan junto a su hermano, aparecer detrás de unos libros y ver tu pasado tras ellos, o del revés... Si pudieras leer una lista de sucesos importantes en tu vida, si pudieras saber cuánto tiempo te queda y cuánto a tus sombras acólitas todo sería más sencillo.
Todo adquiriría otro valor, otro color, otra prisa.
Otro sentido al mover la mecedora, otra tonalidad musical a la lírica. Los libros te sabrían a fruta, los calendarios a regalos. Todo sería organizado, todo esperado, ninguna sorpresa malintencionada del destino.

Por otro lado, en el momento de esa lectura multiversal nos moriríamos de miedo.

Es por eso
que el destino
¿nos proteje?

jueves, 7 de enero de 2016

Prohibido pensar.

Las luces apagadas por si me ven desde la calle, sospechan que estoy pensando y entran a mi casa destrozándomelo todo, asegurándome que ellos llevan la razón. 


En el cuello me cuelga una etiqueta con una palabra: NO. 

No creo en su razón y eso les saca de sus casillas y pretenden echarme a patadas de su mansión del mundo platónico perfecto que han idealizado, un mundo en el que todo es malo y bueno, no hay extremos, todo es a la vez.

Yo me refugio porque pocas fuerzas quedan a veces para gritarle al mundo lo gilipollas que se ha vuelto,

ojalá la Navidad os haya bendecido con cordura.



¿O es que tampoco se permiten los deseos?