Porque lo sé, porque lo siento, porque ya la vales. Y es más, me explico... porque todavía es siempre y siempre es como el primer día y eso dicen que es bueno. A mi me parece genial, que pese a medirte la cara a besos me guste hacerlo cada día para ver si has crecido, y que siempre tenga algo nuevo que contarte, algo de lo que reírnos. El color de las cosas cambia y me gusta que el blanco ahora sea un color y no la anulación de todos. Que los días negros sólo sean la comparación a días contigo, odiosa comparación que todo lo hace escalonado, diferencialmente vertiguoso... Ni si quiera sé si estas dos últimas palabras existen, pero es que no existe ninguna para explicar esto y para un poeta tiene que ser horrible enamorarse de alguien en estas condiciones. ¿Cuánto tiempo llevaremos ya siendo felices gracias a nosotros mismos? ¿Cuántos trenes habrán pasado desde entonces? Y a mi me encanta estar sobre estos raíles andando haciendo malabares, dándote la mano para no caerme, yo qué sé, seré una niña chica que sólo quiere ver las cosas con sonrisas, que odia esa gente que no conoce el amor e incluso siente pena por ellos... Y tú, qué ironía... que eres el único que la vales.
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