Puedo cortarte a trocitos, te meto en los bolsillos y te llevo a todas partes. Es que la idea de la maleta se quedó muy atrás... Cuando al abrirla vi que no podías respirar tuve que ponerme seria. También estuve pensando lo de la botella, como los mensajes. Si esos mensajes son tan enormes, (como tú), ¿por qué no iba a poder envolverte y meterte dentro? La única pega era el tapón de corcho, no encontré ninguno en casa... Guardo también la teoría de masticarte y llevarte así conmigo, pero supuse que te dolería, ¡además, sería una locura tragarte por error! ¿Y si te meto entre las páginas de un libro? Como hace el abuelo con el dinero que no quiere perder, porque yo a ti... Yo a ti no te quiero perder, y vales mucho más que un billete. Luego ya en casa, puedo dejarte en la estantería. Tú puedes leer todo lo que quieras, pero a mí déjame hacer mi vida hasta que me aburra tanto que me acerque melodiosa a la estantería, y te invite a cenar. Bueno, espero que cocines tú, ya sabes, se me da fatal. Si vemos que lo nuestro funciona tal vez pueda dejarte encima de la mesa, para mirarte al llegar a casa. Y si veo que va bien... Tal vez pueda llevarte conmigo a la universidad. ¡No, no digas nada! Sé que es una idea genial.

No hay comentarios:
Publicar un comentario