miércoles, 11 de septiembre de 2013

Las flores a mi manera.

Supongo que aún alguien me recordará también con flores. Que habrá monumentos en nuestro honor. Que aquel fatídico día se recordará con tristeza y melancolía, porque me fui, porque nos fuimos. Porque dejamos de ser. Cuántas familias rotas, cuantos hijos sin padres, cuántos padres sin hijos. Cuánto vacío. Cuántas lágrimas cayeron desde ese día... Y cuántas quedan por caer. Hubo un padre que no llegó al cumpleaños de su hijo el cual lo esperaba, ansioso, con tan sólo una velita en su tarta. Hubo una abuela que vio desde abajo cómo se caía el edificio donde andaba su familia entera, pero ella prefirió esperar abajo, paciente, porque su dolor de espalda la hacía perder los papeles... Y ahora había perdido todo cuanto amaba. Hubo una niña que gritaba mamá desesperadamente mientras todo se derrumbaba en sus pies. La madre le gritó de lejos que no tuviera miedo, que fuera valiente, y que la quería muchísimo. Y yo me pregunto, ¿cómo se puede sacar valentía en ese momento? Si hasta lo que lo vimos con 8 años sentíamos cómo nos temblaban las piernas con las imágenes. Doce años después ellos siguen aquí... Y deberíamos darnos cuenta.


La fe es lo último que se pierde, dicen. Yo prefiero pensar, que siempre quedará el recuerdo. Y este es más difícil perderlo. 

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