Lo siento, lo siento, lo siento. No se oyen otras palabras en la sala. Ella aplaude y sonríe, irónica. Se levanta, se sienta y se vuelve a levantar. Está harta. Está cansada de hacer de tripas corazón porque el suyo no lo encuentra. Está a 2 cm de darle una hostia y a menos aún de mandarlo todo a tomar por culo. "Lo siento". Qué feo todo. Qué sensación tan horrible, qué ganas de volarlo todo por los aires. Un bidón de gasolina y tres cuartos de odio. Y ya está, que no es tan difícil hostia. "Perdóname" y vuelve a reír. Y se queda sentada en esa esquina del fondo a la derecha de esa sala de espera vacía. Tiene en una mano sus razones y en la otra aguanta el peso de la mueca de sonrisa que le queda, mezclada con la desesperación de no querer seguir fingiendo ese teatro que se muere.
No hay comentarios:
Publicar un comentario