miércoles, 18 de mayo de 2016

Sit.

El día 3 me desperté con incredibilidad. Con un miedo clavado en las uñas de los que ni con la mejor lejía se escurre. De ahí al día 10 sólo hubo jaquecas, resacas, migrañas: me ha dolido la cabeza porque no te supiste quedar sólo en el corazón - que el dolor es soportable de tantas veces que lo han apuñalado, ya creo que ni respira. -
El tiempo sigue pasando.
Los días y sus horas, bailarinas alrededor del sol y de la luna. Poético remordimiento antaño.
El tiempo es mi musa ahora, el suceder de las temporadas, el intercambio de las putas en las estaciones y desorientos mentales por la baja laboral del susodicho.

Qué olor a dolor, qué bajas tengo las costillas desde que no estiro el cuello para mirarte a la cara. Ya ni siquiera tomo café, no puedo cantar las canciones que representan este estado lúgubre (y a quién le importaría).

¿Mi consuelo? Que no se puede caer más hondo. Que aunque me lleve más tiempo infernal, recuperaré las fuerzas y empujaré ese suelo. Volveré a subir.

- Sit, Barry, sit.

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