domingo, 31 de marzo de 2013

Tardes de lluvia.


+ Te sabes la historia de memoria.
- ¿Qué historia?
+ No te hagas el tonto...
- Lo digo de verdad, estúpida. ¿A qué te refieres?
+ A que esto no es eterno. Que al final pasará lo de siempre, supongo que tendremos alguna pelea tonta. Yo me enfadaré haciéndome la orgullosa y tú te habrás cansado de inventarte algo en el último momento para arreglar las cosas. Entonces yo tampoco querré solucionarlo todo porque pensaré que no te importo nada y que todo ha sido una historia tonta.
- ¿Y por qué piensas eso?
+ Supongo que es el pan de cada día. Que ahora mismo estoy contigo. Que dentro de un rato tendré que dejar de abrazarte, me levantaré de la cama, cogeré mi paraguas y me iré. Y tal vez esta sea la última vez que te hablo susurrándote con los ojos cerrados mientras sé que tú los tienes abiertos mirando el techo. Tal vez sea la última vez que salga de tu casa mientras llueva. Tal vez esta sea la última vez y sea dentro de una hora cuando hagas la gilipollez que nos separe. O la haga yo.

Silencio. Tan sólo se oía el tic tac de un reloj que nadie miraba en la mesita de noche, y dos respiraciones no siempre acompasadas. Pero él, lejos de cualquier rencor, rompió ese silencio.
- ¿Y me echarás de menos?

Ella suspiró mientras se acomodaba aún mejor en su pecho, con una media sonrisa.
+ Supongo.
- Yo a ti también.
+ ¡No seas mentiroso, anda!
- No lo soy. Echaré de menos esa cara de mala que pones cuando me insultas. Y tu olor. Tu ropa... Tu chaquetón sobre la silla y tu color de pintalabios. Tus cosquillas en el cuello o cuando te quedas mirando un punto fijo, creyendo que no te veo. O cuando no paras de reír.

Ella, aún sonriendo le dio un suave golpe en la tripa, y él abrió los ojos.
- ¿Sabes? Creo que tengo que darte las gracias.
+ ¿A mi? ¿Por qué?
- Porque cada vez que me recuerdas lo cerca que está el final, haces que te quiera un poco más y que realmente cada beso sea único.

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