Es raro. De repente oyes sólo el latido de tu corazón y ves a la gente moviéndose lento y hablando aunque no oigas nada más que ese PumPúm a destiempo. Luego, se te nubla la vista y oyes un pitido muy desagradable, que hace que cierres los ojos y apoyes la cabeza en tus manos. Fue desesperante, no hacía más que oír a gente de lejos diciéndose entre ellos que me agarrasen, pidiendo una ambulancia, que me sacasen de allí, que estaba demasiado pálida... Y mientras me daba mucho sueño, como si estuviera genial allí, pero estaba asustada porque sabía lo que pasaría. No contestaban las piernas y sin darme cuenta estaba en el hospital. "Llora niña, llora que tienes que echar ese cúmulo de problemas que tienes a esta edad". Yo habría dicho mejor MIERDAS, por eso de que queda más malote y eso. Pues no, no quería llorar. ¿Quién era esa gente para verme así de hundida? ¿Por qué iba a hacerme sentir mejor llorar entre desconocidos? Además, las niñas grandes no lloran, así que me contuve. No voy a negar que más pensaba en las cosas más me giraba la cabeza. Instituto. Él. Ellos. El 26. Exámenes. PUM. No me acuerdo de nada más. Creo que va a volver a ser el pan mío de cada día. Hoy me siento como hace un año, con la desesperación de no saber controlarme a mi misma.
Se me escapa de las manos, una vez más.
Se me escapa de las manos, una vez más.
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