martes, 7 de junio de 2011

Pesa más la rabia que el cemento.

Es muy tarde. Mi subcosciente, o lo que quiera que sea aquella vocecita que grita dentro de mí, me lo repite a 200 pulsaciones por segundo. Quiero salir de aquí. Irme a tu lado, entre tus brazos, que me toques el pelo y me hagas sentir segura. A salvo... A salvo de mi misma. Quiero odiarte, quiero no sentir nada al verte.
Me siento perdida, me falta algo y tan sólo puedo llorar. Cada segundo en el que mi corazón late, pierde razones para hacerlo. Cada suspiro es un trocito de mi vida que se muere. Un pasito de hormiguita va seguido de tres de gigante... Hacia atrás. Cada sueño que recuerdo es una pesadilla que me desvela. Cada vibración una puñalada, Cada palabra una hostia.
Me late tan rápido el corazón que no escucho el murmullo de mi voz echándote de menos. Mi habitación está llena del ruido de mis recuerdos, atronador y agobiante. Quiero descansar en paz, quiero sentarme en el camino, quiero dejar de andar. Se me rompieron los taconcitos de cristal, tan sólo conseguí hacerme daño con cada trozo roto que dejaste caer sobre mí.
Fuiste siempre así. Manipulador, engañabobas. Odioso niño mimado, príncipe encantador. Falso sueño. Castigo envenenado. ¿A quién amé? ¿A quién...? Desde luego a ti no.
 Cómo duele.
 Cuantísimo me duele. Se me parte el alma, se me desangra la razón, se me desordena el caos y se rompe el corazón. En las venas no corre la sangre. Toda está en tu cama, en aquella en la que me creí tus mentiras. Pero, ¿qué demonios? ¡Para mí no fueron mentiras! Fue lo más bonito que me ha llegado a pasar nunca. Que alguien te mire, te acaricie, te entienda y se susurre que te ama más que todas las cosas juntas de este maldito mundo... Con tan sólo escribir recuerdos los ojos se llenan de lágrimas, mi garganta comienza a temblar.
Fuiste mi vida. Fuiste mi despertar, mi anochecer. Fuiste mis lágrimas y mis sonrisas. Fuiste mis te quieros y mis "no vuelvas nunca".
Fuiste, en 7 meses, mis 16 primaveras.

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