jueves, 28 de enero de 2016

Cardenales en las comisuras.

Los amigos de la infancia son como las pequeñas cicatrices que tenemos en las rodillas. Son caídas que sufrimos mientras jugábamos, son errores que nos parecieron divertidos y decidimos hacer. Son recuerdos con alma, con corazón e inocencia. Flashes de luz con los que sonreímos al recordar cómo pasó la vida. Porque, aunque no sepamos cómo, pasa.
Siempre pasa.

Nadie tiene esa "guía del mejor amigo", y si la tiene, -por favor- que me la preste. Urgentemente necesito una consulta 
como poco
pero al menos a diario. No estarás sola hasta que el reflejo del espejo te abandone. Nunca estarás sola, o es sólo una frase de madre para convencernos de que no debe de afectarnos el matojo de piernas que haya a nuestro alrededor. 
Me considero una chica feliz.
Feliz,
-me cuesta creerlo -. Tuve mis momentos.
Tuve infancia, como todos, mejor o peor que los demás 
pero 
mía,
por ello son mis recuerdos y me duelen a mi.
Nunca te voy a pedir que opines de lo inevitable
qué estúpido pedir el sacramento en la desdicha.
En cualquier caso, siempre me queda una frase en la estantería para memorar: "Aún me acuerdo de cuando..." 
Y en todos esos buenos momentos estoy rodeada de personas.

No me importa si me has jodido o si pretendes hacerlo,
si estás en alguno de aquellos buenos momentos, has merecido la pena.

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