Como no podemos retorcerles el cuello, nos retorcemos en esas
carreteras. Secundarias, por favor, que hay menos gente y escasea la vigilancia
policial. Se ha convertido en una vía de escape cuando en un principio
llamábamos locos a los que trataban de descubrirlas y disfrutaban arañando su
asfalto. Y ahora, como un rebaño rebelde
que busca la diferencia y las condiciones mínimas adecuadas, hacemos cola para
averiguar qué se siente fuera de la autovía general. Ya lo decían todos, esto
es España, y no por eso todos somos estúpidos. Por eso a veces sienta genial dar el
intermitente y coger la desviación.
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