martes, 16 de mayo de 2017

Que sea cierto el jamás

No soy yo.
No es mi risa la que oyes, no son mis balanceos al andar los que sujetas.
No es mi olor el que te abraza, no es mi pelo el que te cubre la cara al besarte.
No es mi corazón el que escuchas cuando te tumbas encima de mis piernas, en mi pecho.
No soy yo.
No es mi miel,
no son mis besos,
no es mi esencia.
No son mis chistes,
mis palmadas,
mis ojos de vidrio al mirarte orgullosa.
No son mis palabras de amor,
no son mis dedos los que te dibujan.
No
soy
yo.

Tampoco soy yo ahora.
Lo único que queda de mí
son las preguntas de por qué de todo a nada.
Los vacíos.
Los rechazos.
Tus palabras escupidas en mi cara
pese a haber tirado las armas a tus pies.
Tus sudores, en los que me he convertido.

Dónde estaba la balanza.
En qué hueco de mis aristas quedaste encerrado.
En qué parpadeo me perdí,
porque no soy yo.

Una cosa sí conozco y reconozco:
la memoria irá en tu contra.
Llegaré, borrosa. Te dolerá, indefenso.
Pero no seré yo.

Y ya no eres tú. Ni volverás a ser.

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